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domingo, 27 de septiembre de 2015

Prórroga



Vivo en el momento
En el lugar equivocado
En la existencia del tiempo
Tiempo, que nunca fue adecuado
En un abismo de deseos
Susurros de anhelos
Y un silencio de frustraciones
Gritos de consuelo
Frustraciones de lamento,
Analogías de sufrimiento
Con una insipiente pelea
Entre aquella Insatisfecha palabra
Que llaman:
LAMENTO.


No existe algo mas aterrador
Que el eterno sentimiento
De conocer la espera
Del tiempo
De que el único saber,
Será la angustia engreída
Riendo de mi vesania
En la que he caído
Producto de la absurda
Postura de espera
Del tiempo.
Comparando a este
Con la eternidad,
Siendo que lo es,
Manteniéndome sumiso
Ante su omnipresencia,
Y Cronos cual rey que es
Defendiendo su reino
Cual feroz bestia. 


Como aquel consuelo,
Que no tiene sustento,
Siendo aquello más que
Un estúpido juramento,
Emanado de la austera sonrisa
Que nos pinte el destino
Escudriñando el error del pasaje
Riendo a cada paso
El equivoco camino
Ridiculizando a cada segundo
La utópica palabra de la humanidad:
FELICIDAD
Por el cual vago perdido
Desde hace ya más de un siglo.


Veo esa felicidad
Burlándose de mi irónicamente
Un lamento de sufrimiento
Es la carcajada de su advenimiento
Es un sonido de desconcierto
Que no me permite encontrar
Ayuda en este laberinto De pesadilla,
en este laberinto de opresión.

De que me sirve tener la vida,
Cuando no soy yo el que la vive,
Ni el que la realiza,
No obstante, siendo yo
El que conoce su dolor y angustia.
Entre grotescos momentos
De furia y arrebato,
Me dejo vencer,
Cayendo subyugado,
Cual presa de su ser.


Es el tiempo mi mejor aliado,
Es el tiempo, el único,
Aquel que se mantendrá
Por siempre a mi lado.
Como un socio,
Manteniéndonos unidos
Compartiendo intereses afines,
Esperando el eterno día
Que cuando aterrice
Se reciba sin rencor de la vida
Sencillamente con simples recuerdos
De absoluta melancolía.
Recuerdos de una vida
Que nunca me llegó a ser mía
Recuerdos de una misantropía
Que cual virus en un cuerpo
De apoco se esparcía.

Y sin decir su nombre
Le tememos como si fuese
El peor de los males,
Sin saber si es la mayor
De las bondades,
El viejo ateniense lo sabía,
Y contagió por generaciones
El tiempo de aguardo
Para conocerla.
Así que llegara aquel día,
Cerraré los ojos
Manteniendo una postura
Sin vida, de un alma vacía
Porque polvo fuimos
Y a polvo volveremos
Porque no somos
Más que un suspiro
En un alarido de lamentos.


-Solomon Sath-

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